SpaceX está despejando el camino hacia su histórica salida a bolsa (IPO, por sus siglas en inglés) con una maniobra financiera de alto impacto. La compañía aeroespacial, que ya integra bajo su estructura a xAI, acaba de cerrar un contrato masivo de servicios de computación con Google. El acuerdo, revelado mediante documentos regulatorios, es una señal clara de la escala que ha alcanzado su infraestructura digital.
Un contrato de proporciones históricas
Desde octubre de 2026 y hasta mediados de 2029, Google pagará a SpaceX USD 920 millones mensuales. A cambio, obtendrá acceso a unos 110.000 procesadores de alto rendimiento, incluyendo unidades de procesamiento gráfico (GPU) de Nvidia, fundamentales para entrenar modelos de inteligencia artificial (IA). Aunque la cifra es impresionante, representa aproximadamente la mitad de la capacidad de cómputo que Anthropic —el laboratorio de IA creador de Claude— pactó arrendar a SpaceX hace pocos meses por una suma superior: USD 1.250 millones al mes.
Para Google, este acuerdo es una medida de emergencia para asegurar "capacidad de puente". La demanda de sus productos de IA, específicamente su plataforma Gemini Enterprise, ha superado todas las proyecciones internas. Lo interesante acá es que Google no carece de hardware propio; de hecho, es uno de los mayores propietarios de capacidad de cómputo del mundo. Aun así, la velocidad a la que se expande la adopción de sus herramientas empresariales ha obligado al gigante tecnológico a salir a buscar potencia externa.
La estrategia detrás del gasto
Alphabet, la matriz de Google, atraviesa un periodo de inversión agresiva. Este año, la compañía ha comprometido más de USD 180.000 millones en gastos de capital (capex), y las proyecciones para 2027 sugieren que esta cifra seguirá aumentando. Para financiar este apetito por infraestructura, Alphabet recientemente anunció una emisión de acciones por USD 80.000 millones. Es una apuesta total por mantenerse a la vanguardia de la IA, sin importar el costo inmediato.
Por parte de SpaceX, el acuerdo es una pieza clave en su narrativa previa a cotizar en bolsa. La empresa busca captar USD 75.000 millones en su salida al mercado, lo que la valoraría en unos USD 1,75 billones. Esto la convertiría en la mayor IPO de la historia. Al demostrar que sus centros de datos pueden generar flujos de caja recurrentes mediante clientes de primer nivel como Google y Anthropic, Elon Musk está transformando a SpaceX de una empresa centrada solo en cohetes a un jugador dominante en la economía del cómputo masivo.
Lo que el mercado debe vigilar
La relación entre ambos gigantes es profunda y va mucho más allá de este alquiler. Google no solo es un cliente, sino también un inversor estratégico en SpaceX; se estima que su participación accionaria superará los USD 100.000 millones tras la oferta pública. Además, ambas compañías exploran activamente la construcción de centros de datos en órbita, un paso que sugiere que la infraestructura de IA pronto podría abandonar la superficie terrestre.
Si me preguntan, este contrato es más una declaración de principios que un simple acuerdo de servicios. La capacidad de procesamiento se ha convertido en el recurso natural más valioso del siglo XXI. SpaceX ha logrado posicionarse no solo como el transporte hacia las estrellas, sino como el proveedor energético de la inteligencia artificial. La pregunta ahora es si Alphabet podrá rentabilizar este despliegue de capital antes de que el mercado empiece a cuestionar la sostenibilidad de semejante nivel de gasto.