El mercado de las criptomonedas atraviesa una etapa de reajuste, y MARA Holdings —antes conocida como Marathon Digital— está en el centro de esta tormenta. En la última sesión bursátil, las acciones de la compañía cerraron con una caída del 0,9%, situándose en USD 13,89. Aunque el descenso es moderado, pone de relieve la vulnerabilidad de las empresas mineras ante la volatilidad del Bitcoin, que retrocedió un 2,6% en la misma jornada.
Para un inversionista, lo relevante no es solo el precio del activo digital, sino cómo las empresas han integrado este riesgo en sus balances. MARA posee actualmente 35.303 unidades de Bitcoin, una cifra valorada en aproximadamente USD 2.070 millones. Este capital acumulado representa el 39% de su capitalización bursátil total, que ronda los USD 5.280 millones. Estamos ante una compañía que funciona, en gran medida, como un vehículo apalancado al precio del Bitcoin.
Más allá de la minería: el giro hacia la infraestructura
Lo interesante es que MARA intenta dejar de ser solo un minero. La empresa anunció la compra de Long Ridge Energy & Power, operadora de una planta de energía en Ohio, por USD 1.500 millones. Esta no es una adquisición cualquiera; es un movimiento estratégico para controlar activos energéticos físicos. Long Ridge cuenta con una planta de gas de 505 megavatios y 1.600 acres de terreno, el espacio ideal para construir un centro de datos a gran escala.
Mi lectura es que la dirección de MARA busca desesperadamente diversificar su modelo de negocio. El mercado de la inteligencia artificial (IA) requiere cantidades ingentes de energía y capacidad de procesamiento. Al comprar Long Ridge, MARA se posiciona no solo para extraer criptoactivos, sino para vender infraestructura crítica para la computación de alto rendimiento.
Los números financieros, sin embargo, revelan el costo de esta ambición. Mientras Long Ridge reportó un EBITDA ajustado (beneficio antes de intereses, impuestos, depreciaciones y amortizaciones, una medida de la rentabilidad operativa) de USD 25,4 millones en el primer trimestre, MARA sufrió un EBITDA negativo de USD 1.040 millones. Ese desplome se explica por los gastos de reestructuración y el ajuste contable de sus reservas de Bitcoin.
El riesgo de una apuesta ambiciosa
El balance de la empresa ha tenido que soportar tensiones importantes. A principios de año, MARA vendió USD 1.100 millones en Bitcoin para recomprar bonos convertibles (deuda que puede canjearse por acciones) y financiar su expansión hacia la infraestructura de IA. Es una maniobra de equilibrio: sacrificar su activo principal para ganar flexibilidad financiera.
A pesar de estos esfuerzos, Wall Street mantiene una postura cautelosa pero dividida. Con un precio objetivo promedio que ronda los USD 17,49, existen opiniones que oscilan entre los USD 7 y los USD 30. Esta divergencia refleja la incertidumbre sobre si la empresa logrará transformarse exitosamente en una compañía de infraestructura tecnológica o si quedará atrapada como un minero de criptomonedas con costos excesivos.
¿Qué significa esto para el futuro? MARA ha apostado su futuro a que la demanda de infraestructura eléctrica y centros de datos pesará más que la mera especulación con el precio del Bitcoin. El detalle que importa es que, si esta transformación falla, los accionistas cargarán con una estructura de costos pesada y una dependencia excesiva de un activo altamente volátil. Por ahora, el mercado observa con cautela, esperando ver si el cambio de estrategia logra estabilizar los resultados financieros más allá del ciclo cripto.