Bristol Myers Squibb, una de las grandes farmacéuticas del mundo, encabezó una ronda de USD 237 millones en Pathos AI, una empresa que usa inteligencia artificial para desarrollar medicamentos contra el cáncer. La valoración de la compañía quedó en USD 3.000 millones. Para una empresa que depende de fármacos todavía en desarrollo, esa cifra es alta, y merece una lectura cuidadosa.
La operación es una ronda Serie E, es decir, la quinta gran inyección de capital privado que recibe una compañía. Entre los inversores anteriores figuran AstraZeneca, otra farmacéutica, la firma de capital de riesgo NEA y el fondo General Atlantic, especializado en empresas en expansión. Varios inversores previos no fueron identificados.
Lo que vale no es la molécula, sino los datos
El producto estrella de Pathos se llama Foundry. Según la compañía, la plataforma tiene acceso a unos 200 petabytes de datos oncológicos. Un petabyte equivale a un millón de gigabytes, así que la cifra describe un volumen enorme de información clínica y biológica.
Foundry también absorbe los datos que generan los propios programas de desarrollo de Pathos. Ese circuito cerrado es el verdadero activo. Cada experimento alimenta al sistema, y el sistema orienta el siguiente experimento.
El flujo de trabajo funciona así. Un programa de investigación puede producir cientos de candidatos a fármaco, es decir, moléculas que podrían convertirse en medicamentos. Foundry usa agentes de IA, programas que ejecutan tareas de forma semiautónoma, para identificar las más prometedoras. Después señala qué pacientes se beneficiarían más de cada terapia.
Aquí está la idea central. La industria farmacéutica pierde miles de millones en moléculas que fracasan. Un filtro más preciso al inicio podría ahorrar tiempo y dinero. Esa es la promesa que Pathos vende.
La compañía también usa Foundry para diseñar sus ensayos clínicos, las pruebas con pacientes reales que determinan si un fármaco funciona. Pathos afirma que sus ensayos son «guiados por biomarcadores». Un biomarcador es una señal biológica que indica si un tratamiento está actuando, desde una proteína hasta una medida del paciente como la presión arterial.
Iker Huerga, director ejecutivo de Pathos, lo resume así: «Estamos construyendo una plataforma para mejorar sistemáticamente la probabilidad de éxito en el desarrollo de fármacos». La frase es ambiciosa. Sin embargo, la prueba decisiva sigue siendo la misma de siempre: si el medicamento funciona en personas.
JSKN016: la apuesta que sostiene la valoración
Pathos destinará la ronda a financiar sus programas. La prioridad declarada es JSKN016, un tratamiento contra el cáncer basado en un conjugado anticuerpo-fármaco (ADC).
Para entender el ADC conviene partir del anticuerpo. Son moléculas del sistema inmune que reconocen células dañinas y se adhieren a ellas. Una vez unido, el anticuerpo marca la célula y atrae la atención de las defensas del cuerpo, que la destruyen.
El ADC lleva esa lógica un paso más allá. Es un anticuerpo al que se le adhiere una carga con propiedades terapéuticas. Al unirse a la célula cancerosa, esta la absorbe junto con su carga, que la neutraliza desde dentro. Dicho de otra forma, el anticuerpo funciona como un vehículo de precisión.
Los ADC no son una idea nueva, pero sí un campo competitivo. Si JSKN016 demuestra eficacia, la valoración de Pathos tendrá una base clínica sólida. Si no, la IA sola no bastará para sostenerla.
Pathos tiene además otros tres programas financiados con la ronda. Uno de ellos es una colaboración con AstraZeneca, que invirtió en la compañía el año pasado. El proyecto busca desarrollar un fármaco ER PROTAC, una molécula que aprovecha el mecanismo natural de reciclaje de la célula para eliminar proteínas asociadas al cáncer, en este caso el receptor de estrógeno.
El acuerdo con Bristol Myers Squibb va más allá del cheque
La inversión de Bristol Myers Squibb forma parte de una alianza más amplia. El acuerdo incluye también a Tempus AI, una proveedora de datos médicos cotizada en bolsa.
Pathos pagará a Tempus USD 55 millones en cinco años, unos USD 11 millones por año, por licenciar datos anonimizados de pacientes con enfermedades neurológicas. Pathos analizará esa información con Foundry para entender mejor la biología de esas enfermedades.
Después vendrá el movimiento más interesante. Pathos pondrá a disposición de Bristol Myers Squibb tanto Foundry como el conjunto de datos. La farmacéutica los usará para mejorar sus ensayos clínicos y encontrar pacientes con más probabilidades de responder a sus nuevos medicamentos.
Es decir, la farmacéutica no solo compra una participación. Compra acceso a una herramienta que puede acelerar sus propios desarrollos. Pathos, por su parte, convierte sus datos en un servicio recurrente y en un ingreso que no depende de un solo fármaco.
Si me preguntan, esta es la señal más relevante del acuerdo. Las farmacéuticas ya no solo quieren moléculas. Quieren infraestructura de datos y algoritmos que reduzcan el riesgo de fracaso. Eso cambia el tipo de empresa que vale la pena financiar.
Mi lectura es prudente. La valoración de USD 3.000 millones descansa sobre una promesa de eficiencia que todavía no se ha comprobado en pacientes. El mercado le pone precio a la plataforma, pero los reguladores y los ensayos clínicos le pondrán nota.
Lo que conviene vigilar en los próximos años es simple: si JSKN016 avanza en ensayos, si el acuerdo con Tempus genera resultados medibles para Bristol Myers Squibb y si Foundry logra acortar los plazos de desarrollo. Si esas tres cosas ocurren, Pathos tendrá motivos reales para su valoración. Si no, habrá sido una gran ronda sobre una promesa todavía sin prueba.