El mercado de infraestructura para inteligencia artificial vive un momento de alta tensión. Mientras los gigantes tecnológicos y las startups buscan desesperadamente capacidad de cómputo, empresas como TeraWulf (desarrolladora de infraestructura de centros de datos de alto rendimiento) han logrado contratos que, sobre el papel, parecen extraordinarios. Sin embargo, los inversionistas han empezado a notar que una cosa es firmar un acuerdo millonario y otra muy distinta es construir los centros de datos necesarios para cobrarlo.
La apuesta por la infraestructura a largo plazo
TeraWulf cerró recientemente un contrato histórico con Anthropic por un valor total de USD 19.000 millones a 20 años. Este acuerdo contempla una capacidad de 401 megavatios, posicionándose como un hito para la compañía. Al desglosar las cifras, el valor nominal se sitúa en aproximadamente USD 2,37 millones por megavatio al año. Es una cifra notablemente superior, cerca de un 28% más alta, que otros contratos comparables en el sector, como los firmados por Hut 8 o las alianzas previas de la misma TeraWulf con FluidStack (plataforma de computación en la nube distribuida).
El mercado, sin embargo, se muestra cauteloso. Las acciones de TeraWulf retrocedieron un 7,9% el pasado viernes, situándose un 16,9% por debajo de los máximos registrados a inicios de julio, justo después de que se anunciara el acuerdo. Lo que estamos viendo es una clara divergencia entre la demanda real por capacidad de cómputo —que sigue siendo sólida— y la compleja realidad operativa de construir centros de datos desde cero.
Hay un detalle que no debemos pasar por alto: TeraWulf no recibirá los pagos de inmediato. Según los términos del contrato, la renta comienza a fluir solo cuando cada fase del proyecto esté entregada. La capacidad inicial no estará operativa hasta finales de 2027, y la totalidad de los 401 megavatios se espera recién para inicios de 2028. Esta demora convierte al proyecto en una carrera de fondo donde la ejecución es lo único que garantiza el flujo de caja.
El riesgo del capital intensivo
Construir infraestructura de IA es una actividad sumamente costosa. Para financiar su expansión, TeraWulf ha optado por vender una participación mayoritaria en su emprendimiento Abernathy por USD 530 millones. Si bien esta venta representa una ganancia sobre la inversión inicial, el dinero llegará de forma escalonada, lo que subraya la dependencia de la empresa por mantener una liquidez constante.
La situación financiera de la compañía es exigente. En el primer trimestre, el flujo de caja operativo se vio presionado por gastos de capital que alcanzaron los USD 712,8 millones. Aunque la empresa ha realizado emisiones de acciones para recaudar más de USD 1.200 millones, este movimiento también diluye a los accionistas actuales (reduce el porcentaje de propiedad de los inversores previos mediante la creación de nuevas acciones). Es un equilibrio delicado: necesitas capital fresco para crecer, pero cada nueva emisión golpea el valor de quien ya puso dinero en la empresa.
Mi lectura es distinta a la de los entusiastas que solo miran el valor total del contrato: la verdadera prueba no está en los comunicados de prensa, sino en la capacidad de entrega de la compañía. Cualquier retraso en la construcción, problemas para obtener permisos energéticos o una subida en los costos de financiamiento podrían reducir drásticamente los retornos proyectados.
Los inversionistas estarán atentos a la conferencia de resultados del 5 de agosto, donde se espera conocer actualizaciones sobre los plazos de construcción y la confirmación de los primeros pagos por la venta de Abernathy. Mientras tanto, el sector sigue bajo presión. El comportamiento de las acciones de TeraWulf el viernes no fue un caso aislado; tanto CoreWeave como IREN Limited también sufrieron caídas. La incertidumbre sobre la próxima decisión de tasas de interés de la Reserva Federal (Fed) esta semana añade volatilidad a un sector que depende casi exclusivamente de crédito barato y capital de riesgo para sostener sus ambiciones.
En última instancia, el contrato con Anthropic es un sello de aprobación estratégico potente. Pero, en el mercado de infraestructura pesada, los contratos no pagan las cuentas hasta que los servidores se encienden. Los números se ven bien en las tablas comparativas, pero el mercado ya no compra promesas a largo plazo sin pruebas contundentes de ejecución operativa. La pregunta para el segundo semestre es si la infraestructura puede avanzar al ritmo que exige la inteligencia artificial.